
Héctor Lavoe
(30 de septiembre de 1946- 29 de junio de 1993 )
Cuando Willie Colón disuelve su orquesta en 1973, su cantante pasa a ser el líder de la orquesta y así Lavoe edita en 1974 su álbum «La Voz» donde se incluye su primer éxito, una Guaracha titulada «El Todopoderoso». La presencia del sabor a barrio en la música de Lavoe estuvo siempre más presente que en la de Miranda, su toque marginal y callejero le hizo mantenerse siempre entre los intérpretes preferidos por el pueblo. En el 76 publica «De ti depende» con el clásico «Periódico de ayer». Para 1977 era ya considerado por el público como el mejor cantante de Salsa de Nueva York ya que Ismael Rivera y Cheo Feliciano desde Puerto Rico tenían sus propios estilos personales, anteriores al desarrollo de la Salsa y Oscar de León y Rubén Blades aún no hablan conseguido su total estrellato.
Cuando Willie Colón disuelve su orquesta en 1973, su cantante pasa a ser el líder de la orquesta y así Lavoe edita en 1974 su álbum «La Voz» donde se incluye su primer éxito, una Guaracha titulada «El Todopoderoso». La presencia del sabor a barrio en la música de Lavoe estuvo siempre más presente que en la de Miranda, su toque marginal y callejero le hizo mantenerse siempre entre los intérpretes preferidos por el pueblo. En el 76 publica «De ti depende» con el clásico «Periódico de ayer». Para 1977 era ya considerado por el público como el mejor cantante de Salsa de Nueva York ya que Ismael Rivera y Cheo Feliciano desde Puerto Rico tenían sus propios estilos personales, anteriores al desarrollo de la Salsa y Oscar de León y Rubén Blades aún no hablan conseguido su total estrellato.
En plena fama Héctor Pérez «Lavoe» se dejó arrastrar a una vida desordenada llegando tarde a las actuaciones y perdiendo sus cualidades de vocalista, al parecer su afición a la droga, desmentida posteriormente por el magnífico intérprete, estuvo a punto de truncar su carrera. Una retirada temporal le trajo a realizar un tratamiento psiquiátrico a una clínica de Madrid, otros hablaban de brujería, realizándose mil especulaciones sobre su mal estado de salud. Por fin en 1978 volvió por sus fueros publicando una obra maestra titulada «Comedia» con temas como «El Cantante» de Rubén Blades, «La Verdad», «Comedia», etc.
Tras Lavoe siempre estuvieron los arreglos de Willie Colón. Lo cierto es que Héctor Lavoe encarnó la Salsa de la década de los 70 como un fiel reflejo de la misma con sus vicios y virtudes, sus fortunas y sus tristezas.(Antonio Mora Ayora en "De Orilla a Orilla" - 1992)
Un 3 de mayo de 1963, huyendo de la que él consideraba "una familia muy loca", llegó a Nueva York Héctor Lavoe, con el propósito fijo de "ganarse la vida cantando", meta que logró con los tintes pasionales de su vida, descrita por Willie Colón, como la de un "héroe de la Guerra del Cuchifrito..."
Desde el instante en que arribó a casa de su hermana Priscilla, en el Harlem Hispano, tenía el propósito de ser escuchado en una orquesta. Contaba apenas 17 años, 60 kilos de peso y el perfil que lo hiciera famoso más tarde, cuando fue descrito como el "hombre que cuando está de frente, parece que estuviera de lado".
Lavoe consideraba, no obstante, que el momento justo de su "despegue" musical, lejos de la bohemia de los "ventetú" (orquestas en las que tocan músicos llamados al azar) del Sur del Bronx, se había dado casi cuatro años después de su primera experiencia neoyorquina, cuando, en febrero de 1967, fue invitado a cantar en el Club Tropicoro.
"Un cantante, cuyo nombre no recuerdo, empezó a desafinar en el ensayo, cantando el bolero "Tus ojos", y ése momento me dio la oportunidad real de empezar en grande..."
Oriundo del sector de La Cantera, en la ciudad puertorriqueña de Ponce, advirtió desde niño un futuro en la música. Escuchaba en la radio el programa Industrias Nativas, en el cual se exaltaba el canto jíbaro tradicional, en voces como las de Ramito y Chuíto, el de Bayamón. Fueron ellos sus primeros maestros, a quienes imitaba en la calle, entre dos tarros y una maraca, o siguiendo con precisión el tono nasal de Daniel Santos.
Su familia respiraba música. Pachita, su madre, cantaba en los entierros y en las fiestas patronales, y su padre, Luis Pérez, gozaba de fama como guitarrista. La inspiración venía desde su abuelo Juan Martínez, quien acostumbraba a trenzarse en disputas de verso libre con otros trovadores, controversias a menudo ofensivas, por las que terminaba envuelto en riñas.
Acumuló en su carrera varias nombradías, tales como "El cantante de los cantantes", "El rey de la puntualidad" --ironía por sus frecuentes tardanzas para llegar al concierto-- y "El jibarito de Ponce". Las tres le merecieron fama universal.
En el seis chorreao y con Willie Colón.
La década de los 70 marcó para Héctor Lavoe, no obstante, el ascenso vertiginoso de su carrera. El trombonista puertorriqueño Willie Colón lo llamó a hacer parte de su banda, y en un proceso experimental de retorno a las raíces de la música puertorriqueña, al ritmo de Seis y Aguinaldos, Héctor Lavoe encontró lugar seguro en la picardía y el gozo de canciones hechas a la medida de su temperamento. La melodía "Ausencia" y la titulada "Cheche Colé", le dieron renombre en los festivales de verano en Europa.
El cantante que otro día había querido ser saxofonista en la Escuela Juan Morell Campos, junto a José Febles y Pappo Lucca, tenía, al inicio de los 80, una bien ganada fama, estimulada al máximo por su trabajo con la Fania All Stars, agrupación con la que visitó Africa y participó en la película Our Latin Thing ("Nuestra Cosa Latina").
Izzy Zanabria, mentor de esta unión de grandes músicos caribeños en Nueva York, puede recordar toda la trayectoria de Lavoe, desde el instante en que trabajó, también, con Johnny Pacheco, antes de su debut en la orquesta de Colón.
Héctor Lavoe proclamó el orgullo de ser campesino de su país, y sumó a las modernas composiciones de salsa, los fraseos de las áreas rurales de Puerto Rico, los dichos y refranes de "jíbaros de casta" y el "lelolay" alegre y lastimero que acompaña esta tradición. Así, en el Shea Stadium, en el desaparecido Village Gate, en el Cheetah o el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, Lavoe fue anunciado como "El jibarito de Ponce".
De "Juana Peña" al "Juanito Alimaña"
"Ella vivía llorando por ese amor que nunca llegó/ Ay, Juana Peña/ ahora me llora/ Ahora me llora/ no la quiero yo..." Y el coro repetía: "Juana Peña ahora me llora", a las improvisaciones magistrales de Lavoe en el escenario, pues él era básicamente un sonero, admirador de Ismael Rivera y Cheo Feliciano.
En el otoño de 1983 estrenó una canción que fue considerada un hit: "Juanito Alimaña", escrita por su amigo Tite Curet Alonso. La composición fue recibida como una clara continuación de la salsa dedicada al género de malandros, de la estirpe del "Pedro Navaja" de Rubén Blades.
En los siete años que duró en la banda de Willie Colón, grabó éxitos memorables, compilados en diez elepés : "Piraña", "Calle luna, Calle Sol", "La Murga", "Día de suerte", son sólo algunos de los ecos de ése tiempo iluminado que culminó en 1973.
Más, en el registro de "lo que cantó Lavoe", están también "Hacha y machete", "Paraíso de dulzura", "De tí depende", "Mi gente", "Periódico de ayer", "Un amor de la calle", "Comedia", "Plazos traicioneros", "Rompe saragüey", "Triste y vacía", "Vamos a reír un poco", "Sóngoro Cosongo", éste último, homenaje a la poesía de Nicolás Guillén.
El 25 de junio de 1988, después de un fallido concierto en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, Héctor Lavoe regresó a su habitación del hotel Regency de San Juan y se lanzó al vacío desde el octavo piso. Desde entonces, su vida ya no fue la misma.
El 29 de junio de 1993, cinco años después de aquel intento de suicidio, falleció en Nueva York. Quien había sido bautizado en Ponce como Héctor Pérez, un 30 de septiembre de 1946, moría joven y famoso, aunque lejos del estruendo de la vida pasional que lo cobijó durante más de veinte años.
Recientemente, el teatro puertorriqueño de Nueva York, dió a conocer una obra de teatro en su honor, titulada "¿Quién mató a Héctor Lavoe?", con el cantante Domingo Quiñones como protagonista. Lavoe será siempre una de las glorias de Puerto Rico; una de las avenidas del nuevo muelle de Ponce, fue bautizada con su nombre
